and architecture, hand made architecture

Mostrando entradas con la etiqueta juego. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta juego. Mostrar todas las entradas

30 de marzo de 2022

Alea iacta est (”los dados han sido tirados”)

 


Las palabras elegidas esconden a menudo significados profundos, a veces tan ocultos como evidentes. El campo de interpretación de la acción de proyectar incorpora la noción de ir o lanzar hacia adelante. Aunque también reúne el matiz de comprobar una cierta esperanza en la fortuna del movimiento. Ese avance en busca de sorpresas eficaces es un acto de optimismo propositivo que incluye el pleno reconocimiento de las posibilidades.

A la luz del conocimiento, de la intuición o de la percepción, interceptamos resultados activos. Capaces de ser reconocidos y descubiertos. Tan sólo tenemos que disponer esa luz en el lugar adecuado y en su hábil proyección interceptar significados. Saber elegir se convierte entonces en una labor vinculada a la búsqueda de la pertinencia, es decir, a encontrar lo conveniente, lo ajustado y lo apropiado. Pero a su vez, prodigiosamente, también entra en juego el magnífico caudal de aquellas posibilidades que, sin obedecer a ningún control racional, son capaces de desvelarnos nuevas lecturas.

La atención es un sentido inquieto. Viaja de lo más previo a lo menos previsible. Y en su devenir casualmente se detiene en lugares nunca predichos. Podemos dirigir el esmero, con vigilancia y curiosidad, pero una fuerza desconocida a menudo nos hace descubrir realidades no anticipadas. Libres.

Una vez tirados los dados puede que lo que se ilumine sea, a la vez de un número, una suerte.

29 de noviembre de 2017

ORDENAR JUGUETES

Hay universos, el nuestro es uno, donde se juntan un incontable número de presencias diversas. Se unen, se enlazan, se congregan, se agrupan, y a veces se amontonan. A menudo se aglomeran y reúnen, se acopian y apilan, incluso se hacinan en cantidades no mensurables. Entonces tendemos a producir, inevitablemente, intencionadas conexiones, enlaces, ligaduras y vínculos. Órdenes. Lugares correspondientes. Por ocultos que puedan parecer y aparecer siempre encontramos modos de relacionar las cosas.

Juntar armónica y equilibradamente es una tarea que requiere atención y mesura. Pero debemos ultimar que es tan natural como abstracta. Para hacer ese viaje del desorden al orden llevamos asimilada la estrategia del contrario. Y, con ella, la adición nos lleva a la sustracción, la pauta a la excepción, y la repetición a la ausencia. Buscamos y encontramos estrategias de conexión. Vinculamos intereses con órdenes. Y finalmente imponemos reglas de un juego cuya única misión última es la unión. Superar el sinnúmero para producir el uno.

Kahn estaba convencido de que los arquitectos deberían ser compositores, no diseñadores. Compositores de elementos, entendiendo como elementos las cosas con entidad propia, indivisibles. Para él la Arquitectura partía de la definición exacta de las diversas estancias y su juego se centraba en la creación de una estructura claramente expresada, generadora del carácter, y un orden geométrico, provocador de una alta intención. Su legado nos dejó conmovedoras presencias eternas.

Cada acercamiento a la Arquitectura supone, de manera invariante, definir ese ánimo interno y capaz de ordenar los juguetes de nuestra habitación. Una habitación propia o ajena, individual o colectiva,  siempre repleta de opciones y necesitada de elecciones.



No es lo mismo mirar que ver. 




1 de julio de 2016

On-tuición

Nuestra naturaleza nos ha proporcionado una destreza innata. La capacidad de utilizar un tipo de conocimiento profundo, perceptivo e inexplicable, por el que llegamos a entender e imaginar realidades sin tener que acudir a elaborados razonamientos. Una suerte de creatividad instantánea que, mostrándose independiente del conocimiento adquirido, aflora secretamente a veces como una feliz corazonada y siempre como una chispa de lucidez. Una sorprendente capacidad de visión y respuesta por la que de manera instintiva se totalizan y vinculan todo tipo de estímulos.

Nuestro complejo cerebro no es simétrico. Con sus dos lados formalmente iguales, actúa con cada hemisferio de manera totalmente disociada y complementaria. El cerebro izquierdo agrupa nuestra fuerza racional. Asume y perfecciona el razonamiento lógico, el lenguaje verbal y la capacidad de cálculo. Almacena y relaciona datos y conceptos, es capaz de comprender y, en un alarde de eficiencia, faculta la expresión. Posibilita, en suma, habitar el mundo a través de las ideas.  Y en el otro lado, en paralelo, el cerebro derecho adopta una actitud integradora para vencer la complejidad. Se centra en formar categorías, crear analogías, evocar y combinar todas aquellas imágenes que proceden de la memoria. Al tiempo que procesa e involucra en el pensamiento la influencia de nuestras muchas sensaciones y emociones. Desde allí se capta y emite la comunicación no verbal, se cultiva el dominio de la memoria visual, se elabora el entramado del lenguaje simbólico. Gestando, con todo ello, la aparición y uso de nuestros más hondos instintos. Somos a la vez racionales e irracionales. Ordenados y espontáneos. Planificadores e intuitivos. Disciplinados pero libres. Y es desde la unificada conexión de nuestros dos cerebros donde reside nuestra más reveladora capacidad de imaginar, crear e inventar. 

Estamos inmersos en una cultura que premia por encima de todo la razón, nuestra capacidad para establecer relaciones entre ideas mediante la ortodoxa acumulación de conocimientos, en claro detrimento de todo aquello que suponga manejar y proponer aciertos insospechados, en contra de todas aquellas acciones intuitivas que nacen de nuestra más sutil condición humana. Además, demasiadas veces se nos invita a esforzarnos en deducir cual es la única y más correcta respuesta a cada problema. Aquella que quien detenta el poder desea indisimuladamente que encontremos por encima de cualquier riesgo resolutivo. La consecuencia inmediata de éstas dinámicas es una restricción sistemática de la expansión individual, la generalización de una absurda desconexión con respecto a la propia capacidad de encontrar respuestas vivas. En numerosas ocasiones, por el simple hecho de diferir de los automatismos comúnmente aceptados, se desecha toda opción no inmediata y se impone un sistemático freno a nuestra capacidad creativa.

Si se continúa haciendo tanto énfasis en el desarrollo de técnicas y estrategias centradas únicamente en lo racional, y con triste asiduidad se sanciona la aplicación activa de la intuición, el valor de las sorpresas eficaces, se estará destruyendo nuestra más valiosa arma creativa y propositiva. Se invierten excesivos recursos en formar un mundo lleno de personas que usan apenas la parte más evidente de sus potencial propositivo. Cuando lo que es verdaderamente necesario es ensalzar a todos aquellos que son capaces de romper con los hábitos para alcanzar nuevos y más elevados niveles de libertad. De pensar y actuar más allá de lo inmediato y convencional.

Es cierta la máxima que asevera que la sabiduría del ser humano está muy por encima de su intelecto. Es necesario transmitir que la intuición además de poder aprenderse, también, se puede y debe entrenar. Que tal misión requiere perder el visceral miedo a equivocarse y tener una decidida actitud de conexión con aquellos procesos intelectuales en los que nada está decidido, actuar con la expectativa de que todo puede ser.  Las intuiciones son siempre hábiles atajos, activados por una resuelta atención e intención, a través de los cuales el cerebro decide más rápida y acertadamente. Caminos fortuitos de resolución en los que lo conmovedor se impone a lo razonable, y lo inesperado vence a lo previsible.



3 de marzo de 2010

faltas de fragmentación



En la arquitectura reciente encontramos un recurso recurrente de transgresión figurativa. Su objetivo no es otro que poner en valor, enfatizar, los edificios que por su carácter y finalidad han de destacar en su entorno.
Es sabido que la principal virtud de la arquitectura es controlar la fragmentación. En definitiva, las cantidades. Existen numerosas leyes que vienen a definir las pautas frente a ésta cuestión básica.
Los estilos, las modas, han podido desarrollarse gracias a determinadas actitudes frente al problema de la fragmentación.
O la falta de ella.
Y es que, como si de faltas de ortografía se tratara, muchos edificios en los últimos tiempos han acudido a modificar intencionadamente el orden aprendido (y transmitido) de fragmentación con el único propósito de mostrarse diferentes. Con una presencia alterada.
Para provocar el extrañamiento.
Es un procedimiento bastante eficaz pero, para tener éxito, ha de contemplar una gran dosis de pericia técnica.
Históricamente, la fragmentación de la arquitectura ha venido de la mano de los sistemas técnicos utilizados. De los modos de construir. La fragmentación de la piedra nada tiene que ver con la fragmentación de la cerámica, del hormigón o del acero. Y, de modo más reciente, la inclusión de materiales compuestos a dado como resultado un sin fin de nuevas alternativas.
Construir un volumen extremadamente grande y continuo es complejo. No sólo por cuestiones prácticas sino porque en realidad a nadie se le escapa que en realidad sí necesita una fragmentación. Lo que sucede es que no se muestra. Es decir, supone conseguir un premeditado engaño a la percepción.
Del mismo modo, construir una pieza exageradamente fragmentada, supone un esfuerzo constructivo en resolución de juntas un tanto inverosimil. Lo que hace entender, de nuevo, que no estamos ante una fragmentación cierta sino ante una figurada.
Por ésta razón en la mayoría de los casos se cruzan éstas intenciones. Lo muy grande se conforma con un sumatorio incontable de piezas pequeñas. Y vicerversa, lo muy pequeño se consigue de manera práctica con imperceptibles piezas grandes.
La escala es siempre humana. Debe ser humana.

Explorar los límites es tarea de la buena arquitectura.
Y la búsqueda de una "nueva fragmentación" es parte del juego...








---

5 de febrero de 2010

la bandera del japón


Hay un dilema recurrente que es el de qué hacer con un punto en un plano. Lo que supone posicionar un lleno dentro de un vacío.
Tomar la decisión de cómo colocar el "objeto" con respecto a su "recipiente" no supone, en la mayoría de los casos, una solución inmediata.
Como es lógico, es ésta una cuestión que no sólo pertenece al ámbito de la arquitectura. Aunque particularmente en la arquitectura se da a muy a menudo.
Un edificio y su parcela. Un mueble y su habitación . Un hueco y su paramento. En definitiva, estamos hablando de qué hacer, de manera precisa, con lo "pequeño" en lo "grande".
A priori, la elección no es sencilla. En teoría muchas son las soluciones posibles. Y la decisión final depende de múltiples factores. Dominar la habilidad de jugar con la posición relativa, con las cantidades, es fundamental.

Podríamos bautizar éste problema como el de la " bandera del japón".

Un elemental grafismo, un esquema formal, de un punto rojo en un rectángulo blanco.
Simbolismos a parte, dicha bandera no sería de ningún modo igual si el tamaño relativo del punto con respecto al rectángulo se modifica, incluso si variamos la posición de éste con respecto aquel.
Un punto notoriamente más pequeño colocado en lugar alternativo al centro sería una de las infinitas maneras de resolver la cuestión. Y su resultado sería muy distinto.
Yendo más allá, el hecho de que el punto y el rectángulo puedan cambiar a su vez de forma o de color, sería también una posibilidad muy vinculante.

En definitiva, estamos ante un campo de juego de conexiones, de equilibrios. De precisiones.
Ante las sencillas complejidades que importan.
Ahora bien... si se tiene que poner un punto en un plano, por favor, no se ponga nunca en el centro.
Parecería la bandera del japón.



----

4 de febrero de 2010

piedra papel tijera

En una ocasión acepté la invitación de dar una charla monográfica en el lejano Budapest sobre la "piedra en la arquitectura española actual". Era, al menos para mí, un extraño cometido, pero lo tomé como un ejercicio de análisis. Elegí algunos edificios ejemplares, realizados todos teniendo como protagonista el uso de la piedra, y empecé a buscar un hilo conductor para mi exposición.

Piedra, .... pensé de modo un tanto lúdico. ¡Piedra, papel, tijera!.
Me sorprendió la ocurrencia y me puse a indagar en el significado de cada término.
Pronto descubrí un método bastante nítido de ordenar aquel conjunto de proyectos. Reconocí en cada palabra, más que su objeto literal, una actitud. Un modo de ser.
Hice una lista de los edificios y vinculé cada uno de ellos con cada uno de los términos.
Así, todos los edificios ordenados en la columna "piedra" tenían características ligadas con la estabilidad y la sustentación, destacando como protagonista la sección se valían de la fuerza del volumen, la masa y la vertical gravitatoria. En definitiva, tenían que ver con lo estereotómico.
Los clasificados bajo el término "papel" tenían como invariante una extrema funcionalidad, derivada del enfático valor de las pautas de distribución en planta, de lo extenso y horizontal. Estaban fuertemente ligados a lo planimétrico.
Por último, los destacados en el apartado "tijera" apostaban de manera inequívoca por la búsqueda de la presencia, por el valor primordial de sus envolventes y alzados. Por la silueta, la línea y el problema de lo perimetral. En definitiva, por el orden tectónico.
Más allá del uso del material concreto de la piedra, lo que los clasificaba era una determinada estrategia de utilización del material. Descubrí que todo material puede tener un modo "piedra", un modo"papel" y un modo "tijera" de ser. De ser y estar en la arquitectura. Que todo edificio puede proyectarse teniendo como origen estas tres maneras alternativas de disponer la materia. Y que la buena arquitectura conduce convenientemente sus diversas combinaciones.
El ancestral juego de manos de origen chino, basado en la existencia de los tres reinos de la naturaleza, es decir, lo mineral, lo vegetal y lo animal, nos lleva al mundo de las tríadas universales. Podríamos retrotraernos a otros ámbitos, a los mitos de Osiris, Isis y Horus y sus sucesivos paralelismos históricos. Pero también al tratado secular de "firmitas, utilitas y venustas" y sus reinterpretaciones clásicas y modernas. Y otras muchas tríadas dialécticas. Y en todos los casos recurrir al mismo juego de oposiciones jerárquicas.
Es un juego que nos plantea frente al problema del tres, en términos de cantidad, que los enfrentamientos se producen dos a dos. Con resultados cíclicos. Antagónicos. Polares.
Nos previene del difícil arte de la elección. Y de la intuición. Vence el que adivina. El que tiene la estrategia más psicológica (es inútil además de aburrido jugar frente a una máquina). No cabe la duda o la ambigüedad. Prevalece la virtud de lo instantáneo, de lo inmediato.
Sin duda, es un buen juego. Un juego que está también en lo arquitectónico.
Y es que, como decía LC, "Sólo los tipos serios juegan".

---